Sep 23

Elena Simón

COEDUCACIÓN PARA LA IGUALDAD

 Mª Elena Simón Rodriguez. rodrilena@hotmail.com

Seminario Coeducando                                   Pamplona  septiembre 2010

 INTRODUCCIÓN

 

            La sociedad espera que  la Igualdad se aprenda en la escuela. Es más, se supone que se lleva a cabo de forma generalizada lo que nuestra normativa prevee y enuncia en sus textos. Pero  estas enseñanzas y aprendizajes no están programadas ni organizadas sistemáticamente, de manera que alcancen a todo el alumnado se halle donde se halle, como ocurre con las matemáticas, por ejemplo.

            Al mismo tiempo existe una alarma social bastante generalizada en dos asuntos relacionados con la igualdad y desigualdad entre mujeres y hombres, que se ve más llamativa cuando se trata de las y los jóvenes. A casi nadie le escandaliza en exceso que existan relaciones de poder desigual dentro de los hogares y en la sociedad, incluso en los centros educativos, pero se alarman mucho cuando entre chicas y chicos se observan relaciones violentas de sumisión y dominio, o cuando ellas y ellos no realizan tareas domésticas en igual medida y con el mismo tipo de exigencia.

            ¿Es que este tipo de educación se hace sólo?

            ¿No es absurdo pensar que la Educación para la Igualdad se hará por arte de magia, cuando ninguna instancia socializadora se ocupa de hacerla de forma sistemática?

 

LA ESCUELA, LUGAR PREFERENTE PARA LA IGUALDAD

 

De esta afirmación tenemos algunas evidencias. De todos los subsistemas sociales, la escuela es el menos discriminatorio con las niñas, las chicas y las mujeres. La mejor demostración la podemos realizar  en comparación con la familia, la empresa o los ámbitos de poder.

La escuela actualiza el derecho universal a la educación y por tanto no niega ni discrimina en la entrada, permanencia o titulación en razón del sexo. Este derecho se puede considerar consolidado para las mujeres de las sociedades democráticas. Además las chicas de cualquier edad se quedan en el sistema educativo largo tiempo y rinden más y mejor.

La Escuela puede ser laboratorio de Igualdad, pero también crisol de desigualdades; espacio adecuado para la corresponsabilidad, pero también para la exclusión o el abuso; cancha de innovación relacional, pero también estadio de competitividad destructiva.

Pero, puesto que la escuela es un ámbito donde la idea de Igualdad ha hecho un avance significativo, ahí tiene posibilidades en primer lugar de prosperar también la idea de equivalencia y cooperación entre los sexos. Pero para ello tendrá que adoptar en su seno, además del valor de la Igualdad como discurso, la práctica de la misma como conocimiento, adaptando sus modos y contenidos a una intervención decididamente coeducativa, educación con enfoque de género y no sexista, que contenga componentes hasta ahora ausentes o con implantación muy débil y dispersa.

 

VALORES HUMANOS NO SEXISTAS: justicia distributiva, empatía solidaria, respeto activo, autonomía personal.

 

No hablamos de implantar en la escuela nada que no se halle en los principios democráticos y en las leyes y normas que nos rigen. Así es que la educación escolar ha de estar enfocada en la dirección de la  perspectiva de género, pues de lo contrario se caerá de nuevo en un lugar tan común como perjudicial: la falsa universalidad y el igualitarismo hacia el modelo preferente masculino.

El sexismo escolar, sutil, oculto, encubierto y difícil de detectar por tanto, se manifiesta sobre todo en forma de androcentrismo. El androcentrismo impregna los conocimientos, normas, saberes, actitudes, destrezas, habilidades, lenguajes y valores aceptados como mejores para ser enseñados, que proceden de lo llamado “masculino”. Las mujeres no son nombradas ni estudiadas. Toda su obra pasada y actual es ignorada en la escuela y así ocurre que las chicas no se pueden reconocer y los chicos no se pueden dejar de ver como protagonistas de la obra humana. El sexismo escolar deja a las chicas sin referentes propios y a los chicos los invita fuertemente a separarse de esos modelos llamados femeninos, desvalorizados (¿casualmente?) en una escuela llena de mujeres: profesoras, personal de administración y servicios, madres y alumnas.

Lo que la Coeducación para la Igualdad propone es pasar a una fase más avanzada . Este nuevo estilo  de educación no es ni más ni menos que el de la Educación crítica, que entroncaría con todas las tradiciones de las pedagogías emancipadoras, que tengan por objetivo hacer posible a quienes la reciban reflexionar sobre su propia situación para mejorarla, de forma colectiva y social, ya que es de forma colectiva, universal y social como se recibe la educación. También entronca perfectamente con la adquisición de competencias.

Para ello se tendrán que erradicar las desigualdades que la escuela aún reproduce por inercia, una vez eliminada definitivamente de este ámbito la desigualdad de oportunidades, que fue el primer paso dado con decisión hacia la Igualdad y no discriminación, pero que se ha revelado como insuficiente.

 

Las desigualdades persistentes son las siguientes:

 

  • La desigualdad de trato, la doble moral y el doble rasero. Los niños y lo masculino son nombrados explícitamente, se les toleran comportamientos de exceso e incluso de abuso (de espacios, de palabra, de exigencia), lo que se estudia y trabaja invisibiliza la obra humana de las mujeres, situándola en inferioridad.
  • La desigualdad de expectativas sobre las niñas y los niños, marcada por un lenguaje sexista, por los mensajes de género y por una orientación académica llamada neutra, que tapona las posibilidades innovadoras en los proyectos de vida de chicas y chicos, abocando a unos y a otras a elecciones convencionales, que no siempre son las más indicadas para cada persona.
  • La desigualdad de condiciones, de exigencias y evaluación de actitudes. La reproducción de estereotipos.
  • La desigualdad de representación, tanto real como simbólica: en cargos, en responsabilidades, en imágenes,  en las fiestas , en los libros de texto y otros materiales de uso didáctico, etc…
  • La desigualdad de modelos de referencia, reproducida de forma seriada a través del lenguaje y  de los conocimientos sesgados por el género masculino e incompletos por tanto.

 

            La actual escuela mixta y universal es producto de muchas reivindicaciones históricas respecto a la Igualdad de Oportunidades educativas para las niñas y las jóvenes, pero no ha invertido lo suficiente para incorporar el principio de Igualdad al desarrollo ni  a la programación educativa. Es decir: convertir ese “buen” principio en objetivo educativo para niñas y niños.

            A pesar de todo esto la escuela es la instancia socializadora menos desigualitaria, así es que ha de contar  también con las desigualdades externas que se producen y reproducen continuamente tanto en la sociedad y sus medios de comunicación como en las familias y que influyen en las trayectorias vitales de niñas y niños como “uniforme de género”.

Ejemplos de prácticas no igualitarias escolares los tenemos por cientos. La escuela está impregnada de la llamada “neutralidad”, que no significa sino la persistencia del sexismo, la misoginia, el machismo y el androcentrismo, que hacen que la desigualdad se reproduzca a la vista ciega y a espaldas del profesorado, que no tiene la impresión de tolerarla y mucho menos de transmitirla.

            Al aprender niñas y niños “lo mismo”, no se aprenden de igual manera: los chicos se aprenden como hacedores y protagonistas de toda obra humana. Las niñas, como seres humanas subsidiarias, detrás o debajo de los hombres, no nombradas, invisibles, supuestas o inexistentes. Este “simple” detalle favorece en multitud de chicos la prepotencia y en multitud de chicas la baja autoestima, base de la desigualdad y de la violencia de género.  Pero solemos decir y convencernos de  que la escuela educa en igualdad, cuando en realidad es para el igualitarismo.

            Esto puede ser cierto, pero Educar en Igualdad no significa Coeducar para la Igualdad. En este segundo caso  se supone que la Igualdad es un objetivo, que deberá reflejarse y planearse en la escuela, en el conjunto de la educación, desde la infantil hasta la superior y profesional.

           

Coeducar para la Igualdad supondrá tener en cuenta los tres pilares básicos del Enfoque de género:

 

            1.-  Detección del sexismo, respondiendo a la pregunta clave ¿“quién hace qué”? y así poder conocer las desigualdades e incluso discriminaciones ocultas por la normalidad aparente , llamada también “Espejismo de  Igualdad”.

           

2.- Uso de lenguajes para la Igualdad en la comunicación (L.I.C.), que nombren con equidad y justicia a las niñas, evitando invisibilizarlas, menospreciarlas o someterlas a la ambigüedad automatizada y constante de la inclusión y exclusión lingüística, así como del menosprecio en muchas ocasiones. (En el anexo 2 se dan algunas pautas para la transformación de los usos sexistas del lenguaje.

            3.-  Consecución de una representación equilibrada, que implicará una revisión del uso y ocupación de los espacios, tanto reales como simbólicos y una transformación paulatina de los currícula y materiales didácticos, para completarlos y evitar el androcentrismo.

 

            Coeducar para la Igualdad se tendrá que realizar en múltiples ámbitos escolares de actuación, para poder ir transformándolos poco a poco.

 

Estos ámbitos serían los siguientes:

 

A) Relaciones entre chicas y chicos, profesoras y profesores, madres y padres, personal no docente o adscrito  y todas las interacciones  cruzadas que se producen.

B) Saberes formales, incluyendo la obra humana de las mujeres, la educación sexual y para la autonomía personal y el cuidado. Materiales didácticos y metodologías de aprendizaje.

C)   Comunicación: Lenguajes para la Igualdad

D)   Cargos e instancias de responsabilidad, poder y decisión

E)   Formación para la Igualdad y fomento de una nueva cultura escolar, que pueda ir desterrando el machismo, la misoginia, la homofobia, el sexismo y el androcentrismo, identificándolos previamente.

También se tiene que realizar el trabajo coeducativo en los tres currícula que se entrecruzan en el sistema educativo formal:

 

            1.- Currículo formal o explícito: contenidos, materiales, metodologías, evaluación. Todo aquello que se debe enseñar y aprender, aunque no se enseñe ni se aprenda. Es el preceptivo “deber ser” escolar, lo que se evalúa numéricamente.

            2.- Currículo oculto o implícito: relaciones, lenguajes, uso de espacios, instancias de poder y representación, roles, estereotipos, funciones, programas extraescolares o complementarios, etc… Aquello que aunque no se enseñe se aprende.

            3.- Currículo omitido: lo que se considera socialmente conveniente o necesario que se aprenda, aunque no se haga en el seno de la institución  escolar sistemáticamente. Lo que se debe enseñar y aprender en estos tiempos, pero no se enseña ni se aprende.

Todo ello lo tenemos enmarcado en nuestras leyes vigentes. No es una cuestión de buena voluntad, de mera sensibilidad, interés personal o de actitud positiva al respecto. En este momento es obligado y urgente que la escuela incorpore los nuevos preceptos legales.

 

Sugerencias y propuestas coeducativas

 

–          Promover exposiciones relativas a la obra humana de las Mujeres, aprovechando distintas conmemoraciones.

–          Incluir la violencia de género en todas las acciones preventivas, educativas y sancionadoras de la llamada violencia escolar.

–          Realizar actividades que tengan que ver con la presentación no estereotipada de oficios y profesiones, donde se den a conocer  personas concretas que los realicen.

–          Organizar sesiones audiovisuales (películas, cortos, series, fragmentos, vídeos…) que presenten vidas no estereotipadas de mujeres y hombres, tanto actuales como del pasado y de cualquier lugar del mundo.

–          Fomentar la realización de talleres de Igualdad, de educación afectivo-sexual y de corresponsabilidad, aprovechando las ofertas de ayuntamientos, ONGs u otros organismos que las realizan directamente con el alumnado.

–          Proponer algún programa de Formación del Profesorado en centros, donde el tema central sea el enfoque de género, referido a varias cuestiones, como la violencia, la salud, la corresponsabilidad o los valores democráticos de la ciudadanía y los derechos humanos.

 Todo ello lo tenemos enmarcado en nuestras leyes vigentes: “Ley integral contra la violencia de género” (2005) y Ley de Igualdad efectiva entre mujeres y hombres” (2007). No es una cuestión de buena voluntad, de mera sensibilidad, interés personal o de actitud positiva al respecto. En este momento es urgente que la escuela incorpore los nuevos preceptos legales.

  

      COEDUCACIÓN
Claves metodológicas para crear un estilo educativo no sexista

SÍ ES

·        Tener en cuenta que los roles sexuales están adquiridos social y familiarmente y normalizados por la costumbre.

  • Nombrar todo el tiempo a las niñas, chicas y mujeres de forma adecuada,  justa y equivalente.
  • Legitimar de forma expresa modelos variados y múltiples y especialmente no estereotipados: relacionales, familiares, laborales, de mujeres y de hombres.
  • Poner o pedir siempre ejemplos que normalicen la variedad de cualidades y funciones humanas desvinculándolas del sexo con el que se nace.
  • Introducir módulos de trabajo sobre la presencia y la obra de mujeres en todo tiempo y lugar.
  • Evaluar otros modelos de excelencia escolar que procuren mayor  espacio y consideración a las habilidades llamadas femeninas.
  • Contrarrestar prejuicios y suposiciones sociales y familiares sobre las niñas o los niños y ponerlos frente a sus capacidades personales, para que elijan sin prejuicios.
  • Exponer con claridad a chicas y chicos los peligros reales derivados de su condición de género (violencia, adicciones, accidentes, riesgos amorosos, sexuales o reproductivos…)
  • Crear un estado de opinión negativa respecto al machismo, la  misoginia, el sexismo y la discriminación sexual.
  • Favorecer relaciones amistosas de cooperación entre iguales evitando exclusiones, competitividad o rivalidad excesivas en reductos masculinizados o  feminizados en exceso.
  • Evaluar conocimientos, prácticas y actitudes de respeto y solidaridad.
  
COEDUCACIÓN
Claves metodológicas para neutralizar un estilo educativo sexista
NO ES
  • Creer que se aprende lo mismo sobre las mujeres y sobre los hombres y que los conocimientos son neutrales.
  • Considerar los comportamientos colectivos masculinos y femeninos como naturales.
  • Suponer la Igualdad real como punto de partida, el trato igual como habitual y conseguido y la Igualdad de condiciones como indiscutiblemente generalizada.
  • Permitir que las diferencias se conviertan en desigualdades.
  • Hacer que las niñas se adapten a lo masculino como mejor y deseable para todos.
  • Pasar por alto micromachismos cotidianos y no concederles importancia o considerarlos bromas o cosas de chicos.
  • Consentir que se hagan deducciones generalizadoras del tipo: las chicas no pueden… son más o menos…, los chicos no deben…, son menos o más …
  • Alimentar o fomentar fantasías o quimeras de género, del tipo Bella durmiente o Superman.
  • Reforzar estereotipos socio-sexuales, suponiendo la división sexual del trabajo y la familia convencional.
  • Buscar explicaciones  o justificaciones individuales para fenómenos sociales (acoso, violencia verbal o física, desprecio, agobio, vergüenza, ninguneo, etc…) del tipo: está nervioso, no se ha dado cuenta, son cosas de fulanito, es muy tímida, exagerada,  etc…
  • Tomar a la ligera y como espontáneo el  desigual uso del tiempo, de los espacios, de la palabra y atención y de los aparatos e instrumentos por parte de niñas y niños.

  

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1 comentario

    • Rocío Pérez el 21 de noviembre de 2016 , a las 18:35
    • Responder

    Interesante artículo de Mª Rebollo, Luisa Vega y Rafael García-Pérez que muestra conflictos contextuales derivados de resistencias institucionales y los conflictos estratégicos derivados de las diferentes formas de desarrollar planes de igualdad en los centros educativos.

    Aquí os dejo el enlace
    http://revistas.um.es/rie/article/view/112641

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